En términos profesionales, la ansiedad es definida por los organismos internacionales de salud como una reacción natural del cuerpo frente a situaciones de estrés. Sin embargo, su frecuencia a nivel mundial ha mostrado un aumento notable. Se estima que su incidencia afecta a millones de personas, siendo más prevalente en la edad adulta, aunque cada vez son más los datos que nos indican que la ansiedad también está afectando a la población joven y a menores.
Cada individuo experimenta la ansiedad de manera única, pero los síntomas corporales más comunes incluyen sensaciones de ahogo, malestar general, mareos, entumecimiento o adormecimiento de las manos y extremidades, aumento de la temperatura corporal, entre otros. Además, estos síntomas van acompañados de pensamientos negativos recurrentes, tales como: «No soy capaz de controlar lo que me está pasando», «Voy a tener un ataque y voy a morir», «No quiero compartirlo con nadie», entre otros.
El estrés, en su medida justa, es una forma natural de activar nuestros recursos y ayudarnos a enfrentar lo que la vida nos presenta. Sin embargo, cuando el estrés se mantiene de forma prolongada, demanda más y más recursos para conservar nuestro bienestar emocional y físico. Si además llevamos un estilo de vida apresurado, sin momentos de autocuidado como el ejercicio regular o una nutrición adecuada, y si nuestra red de apoyo es limitada o inexistente, el estrés sostenido puede desencadenar la ansiedad. Y si esta ansiedad se vuelve más frecuente e intensa, con el tiempo, pueden aparecer también síntomas de depresión.
La solución radica en reconocer que no nos sentimos bien, que algo está pasando, y dar un paso atrás para prestar atención a lo que está ocurriendo en nuestro interior. Aceptar que necesitamos parar, escuchar nuestras necesidades y cuidarnos.
Acudir a una/un profesional de la psicología puede ser de gran ayuda en estos momentos. Un/a psicólogo/a acompañará en el proceso de revisar qué aspectos de la vida necesitan una revisión o ajuste, y ayudará a encontrar nuevas estrategias de autocuidado y formas más saludables de afrontar las dificultades. No se está solo/a en este camino, y dar ese paso hacia el cuidado de la salud mental es un acto valioso para recuperar el equilibrio y bienestar.
Anímate a observar qué está sucediéndote y a explorar una nueva forma de relación contigo mismo/a. Tu bienestar te espera.

